Salud

ADNTV | Vivo con VIH, pero no terminó mi vida

Querétaro, Qro., 4 de diciembre de 2017.- Para Josué Quino hoy la vida transcurre de manera cotidiana. Por las mañanas se levanta para hacer el desayuno, comparte la mesa y los alimentos con Benjamín, compañero en su proyecto de vida, y después cada quien sigue con sus actividades rutinarias.

Pero llegar a este punto es el resultado de una serie de luchas, internas y contra el mundo; donde ha superado miedos, prejuicios, e incluso lo que en ese entonces era una sentencia de muerte. Josué es una persona que vive con VIH-Sida, y un luchador que volvió su experiencia una causa social.

Originario de Veracruz, Josué hizo parte de su vida en el entonces Distrito Federal, volvió al puerto, y el destino lo trajo a Querétaro. Comenzó como periodista pero no se sentía contento, su verdadera vocación estaba en las artes.

Hoy no solo es director, guionista y teatrero, también es activista y defensor de la diversidad sexual, e incluso fue aspirante a una diputación plurinominal por el partido México Posible, en la capital del país.

De sus 58 años, 31 los ha vivido con el virus, pero habla con naturalidad de lo que ha pasado, y con una sonrisa dibujada en su rostro asegura que sin la enfermedad no sería la persona que es.

“No me importa si sueno cursi pero es la verdad, de no haber sido por el VIH yo hoy no disfrutaría cada momento de mi vida, cada acción que realizo, hasta los enojos los disfruto porque sé que puede ser el último”, comenta a ADN INFORMATIVO, en las instalaciones del Centro Comunitario que lleva su nombre, en Manuel Gutiérrez Nájera, a unos pasos del Mercado de La Cruz.

 

MI VIDA CON VIH

 

Aunque siempre ha padecido una tos crónica, esta se complicó después del sismo de 1985. Fue hasta abril de 1986 que, renuente a visitar a un médico, acudió con un homeópata, quien le hizo un análisis sanguíneo. Nunca se habló de un examen para identificar Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), eso fue lo que Josué escuchó un par de meses después.

El destino no planeó darle la noticia inmediatamente, pues tuvieron que extraerle sangre en tres ocasiones porque errores humanos confundieron su muestra. Aquel día de julio entró al consultorio, y en medio de un ambiente tenso y serio solo escucho “tienes el bicho” salir de la boca de su doctor; después un zumbido lo bloqueó.

“Ya no oí nada de lo que me dijo, no sé cuánto tiempo estuve ahí, si le pagué la consulta o no. No sé cómo llegue a mi casa, no sé si tomé el metro, si tomé el taxi, si me fui de rodillas, o nadando, no lo sé”.

Los siguientes años, junto a la pareja sentimental que tenía en aquel momento, buscó la cura mágica a su enfermedad: desde viajes a Catemaco, hasta largas filas para probar la milagrosa agua de Tlacote.

“Salimos un viernes en la noche allá, hicimos una fila inmensa para que llegaras y te dieran un vasito de plástico que quién sabe cuánta (gente) había tomado ahí, agua amarillosa, pero que nos la tomábamos con mucha fe. Honestamente nunca dudé que algo de eso nos ayuda”.

 

LA MALDICIÓN Y LOS ‘MITOS’

 

Los primeros casos de infección por VIH en México fueron registrados en 1983, en aquel entonces no existía suficiente información, tampoco una cura; y tanto médicos como especialistas vociferaban que las personas enfermas reducían drásticamente su esperanza de vida.

Nombres como “el cáncer gay”, “la maldición de los homosexuales”, o “el castigo divino”, fueron alguno de lo motes que Josué y sus amigos escucharon en ese tiempo. Hoy se sabe que el VIH no afecta exclusivamente a homosexuales o bisexuales, pero en ese entonces era difícil de superar.

Este tipo de cosas lo obligaron a aislarse de la sociedad, de su familia, y cambiar su rutina, algo que él llama entrar en el clóset del VIH.

“Durante 10 años estuve en el clóset porque en aquel entonces se decía que si tú le dabas la mano a alguien, lo saludabas, bebías de su taza, usabas sus cubiertos, o ibas al baño, tú infectabas a la otra gente, y yo quedé paralizado (…) En ese tiempo no eran mitos, en ese tiempo eran la neta del planeta”, recuerda.

Su vida parecía tener los días contados, primero con una esperanza de un lustro y después de una década. Diez años después los propios científicos recularon respecto a la fatalidad del virus, y aseguraron que no era tan malo.

Aunque Josué sí creyó que el final estaba cerca, principalmente porque muchos de sus amigos fallecieron en ese lapso. Él atribuye esto al medicamento que existía: Azidotimidina, o AZT, que muchos consideran veneno. Probó también con “cocteles”, mezclas de AZT con un componente adicional, pero no daban resultados y, por el contrario, generaban mareos constantes.

Los avances de la tecnología, incluyendo el apoyo de Ángel Guerra, uno de sus médicos, le han permitido disminuir el número de medicamentos de 28 a solo 8. Tras el nuevo sismo de septiembre, esta semana recibirá su medicina -por primera vez- en la Clínica 16 del Seguro Social, en Querétaro.

Hablar del abasto es otra discusión para Josué, sabe que no todos tienen el acceso que deberían, pero confía que el IMSS no sufra desabasto.

También probó con otro medicamento, Truvada, y en 2010 adquirió la indetectabilidad, “tú te hace una prueba de VIH y sale reactivo, positiva, pero te mides la cantidad de virus que hay en la sangre, y es tan poquita, tan poquita, tan poquita, que los análisis no lo detectan”.

Aunque la cantidad de virus es mínima, afirma que no volverá a tener relaciones sexuales sin protección.

 

IGNORAR EL SIDA

 

La labor activista de Josué inició en México antes del cambio de siglo. Inspirado por Liza Minnelli, y convencido que algo debía, en 1996 organizó el Festival Teatro y Sida de la Ciudad de México, un evento donde se sumaron diversos grupos y que, durante seis días, a través del arte encabezó una suerte de cruzada contra la enfermedad.

En ese tiempo también nació su asociación civil “Teatro y Sida”, que gracias a actividades culturales no solo brinda información respecto al sida, también explica la diferencia entre vivir e ignorar el VIH, que es el slogan de su asociación.

También brindan acompañamiento a quienes obtienen resultados reactivos, además de conferencias y pláticas para sensibilizar a la población, pues considera debe hablarse del sida de manera permanente y no solo cada 1 de diciembre.

“Si no sabes que tienes VIH, además que no te cuidas, puedes enfermarte y no puedes recuperar tu salud, te la pasas infectando a medio mundo. No es una cuestión de homosexuales o heterosexuales, es una cuestión de prevención”.

“Yo estoy seguro que de no vivir con el VIH y haber podido superarlo, a lo largo de 31 años, de hecho ya llevo más años viviendo con VIH que sin él- yo no sería quien soy hoy”, finalizó.

 

Adrián Quino/ADN Informativo